Fantasmagorías de los malestares del alma ["Sobre lo infinito" (Roy Andersson / Suecia, Noruega, Alemania y Francia / 2019), estrenada en España el 24 de enero de 2020].
El gran experimento político-social --nórdico-socialdemócrata-- en que consiste la nación sueca siempre ha tenido, en el campo de la literatura y restantes creaciones, recios y tortuosos testimoniadores de las sintomatologías colectivas e individuales del país, porque las películas de Andersson --como las de los maestros Bergman, Sjöberg y Sjöman o las de Östlund y demás integrantes de las nuevas generaciones de cineastas-- no se pueden contemplar ni concebir sin referirse a la cuna que vio eclosionar a ese singular acervo de directores y directoras.
El peculiar guionista-realizador que ahora nos ocupa --no apto para cualquier tipo de paladar-- cuenta con admiradores y detractores casi por igual, y el aspecto personal suyo recuerda a bastantes de los seres narrativos de la pluma y cámara de este señor surgidos, muchos entrados en carnes y años (maquillados, además, para dotarlos de rostros de extrema palidez, que les confieren una manifiesta y especial visualidad plomiza), y tales edades y pesos quizá vengan a constituir un trasunto del envejecimiento poblacional de Suecia.


El realizador retorna en Sobre lo infinito a la praxis expresiva de episodios independientes --aunque indirectamente conectados-- que remiten, con lejana inspiración orientalista, a diversos momentos importantes de la vida humana, y, dentro de un universo con las derivaciones e impregnaciones más o menos surreales a las que él se suele entregar --sin necesarias o rotundas resoluciones argumentales--, no todas las historias discurren con la misma potencia dramática y arrastre, aunque, en la modesta opinión de un servidor, las que mejor y con mayor densidad moral y emocional plasman sus asuntos son la del sacerdote que ha perdido la fe y la de antiguo acosador que se encuentra a su acosado de la época estudiantil sin hacerse cargo del daño que le causó.
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