Imberbe enamorado y muerte del amado ["Verano del 85" (François Ozon / Francia y Bélgica / 2020), estrenada en España el 9 de octubre de 2020].
La cinta de ahora, traslación a la pantalla de una novela del escritor británico Aidan Chambers --especializado en narrativa destinada a niños y jóvenes--, desgrana las peripecias felices e infaustas de la playera aproximación queridora y carnal --y de afloramiento de ciertas feas y duras heridas del vivir, un verdadero aprendizaje-- de un adolescente de 16 primaveras que durante el período que da nombre a la película --las pegadizas notas y compases de la banda sonora, con ritmos de aquella época, conectarán de lleno con la generación en la actualidad cincuentona o casi cincuentona, la cual, con gozo y satisfacción, reconocerá desde las butacas las canciones que integran la música incidental de la trama-- se embelesa y encama --la marina navegación los une al principio-- con un mozuelo judío que terminará pereciendo en un percance de motocicleta después de una serie de situaciones en las que asimismo interviene una veintiunañera inglesa que se enrolla con el luego fallecido, con los consiguientes celos y defraudación del postergado, predominando en lo diegético el punto de vista del mocete que sufre el torbellino de sensaciones, intensidades y desilusiones, por lo que, al comenzar el visionado --la ficción arranca con sus sucesos nucleares ya ocurridos, y con varios saltos atrás lleva hasta ellos--
puede pensarse que se avizoran abismos de un vaciador y trágico desgarro, más hundientes y de dramático enfangamiento que los en definitiva expuestos --no obstante en absoluto triviales (a no todo el mundo sabrá a poco, o a ñoño, o a tremendista, lo aquí desarrollado, en especial a quienes tengan una edad parecida a la de los tres personajes principales)--, aunque, para no caer en plumazos antiponderativos, no debemos dejar de considerar la bisoñez del protagonista --un auténtico primerizo cargado de inagotable deslumbrarse con el chico devocionado y de deseante energía hacia él-- en cuanto a las cosas del mundo, pues de hecho nos hallamos contemplando un amargo y dulce cuento de inesperada iniciación vital, quizá no frente a un relato en exceso peculiar o de diferente o excepcional penetración emocional --el bailar encima de la tumba del amigo motivador de la pasión, fruto de un pacto entre ambos [una danza justamente ya presente en el título de la pieza literaria original], a lo mejor aquí queda falto de empuje y fuerzal--, pero un sí que ante un aceptable retrato, referido a un muy concreto tiempo y contexto social y cultural en absoluto ajenos al ánimo y experiencia de muchos espectadores, de una furtiva, turbada, muchachil y frustrada relación estival.
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